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Inicio este blog con la intención de aportar control de calidad al trabajo con los blogs. En estos momentos se está primando por encima de todo la cantidad de entradas. Da igual el tema. Cuanto más masificado esté, mejor. Lo importante es, parece, posicionamiento, visitas, número de páginas e ingresos por publicidad. No seré yo quien vaya a discutir o modificar esos parámetros. Ni me corresponde ni tengo capacidad para ello. Tampoco tengo nada contra ellos y yo mismo participo de la fiesta. Pero no se pueden aceptar entradas sin calidad expresiva y gramatical. No se pueden aceptar traducciones automáticas. Se ha de revisar la coherencia y la cohesión de lo que escribimos. Se ha de revisar la ortografía. Y si un "bloguer" en concreto, escribe alguna incorrección, ha de haber una supervisión posterior por parte de los responsables de la plataforma. Nos merecemos, quienes leemos y escribimos, ese control de calidad. ¿Está la blogosfera en la fase del todo vale? Esperemos que no.
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viernes, 26 de septiembre de 2008

PAN CON PAN COMIDA DE TONTOS, JOAN

La Creación

Por Joan

«El Séptimo día Dios tuvo terminado su trabajo, y descansó en ese día de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el Séptimo día y lo hizo santo, porque ese día descansó de sus trabajos después de toda esta creación que había hecho»

«El Octavo día, después de descansar durante ese largo día séptimo, Dios creo este blog lleno de pensamientos y expresión. Tal era su poder que pudo crearlo mucho antes que el hombre creara el ordenador y el milagroso Internet»

Con este pasaje de la santísima Biblia (sin ofender a la religión ni a sus seguidores) se abren las puertas de éste mi nuevo mundo.

En él hablaré de diversidad de temas y lo haré en castellano porqué así lo manda el señor.

Pan con pan, comida de tontos. Y pan con pan es lo que comemos cada día en los medios de comunicación, pero gracias a mi blog podré (o podremos) comer pan con alimentos nutritivos.


Análisis

Promete este artículo cosas interesantes. Tiene originalidad y agilidad expresiva. Salvo pequeños detalles también es gramaticalmente correcto.

Debería haber una preposición en "antes (de) que ...", en el segundo párrafo. También necesitamos una coma en "éste, mi nuevo blog" para aceptar esa tilde pronominal.

Ánimo Joan y que podamos comernos eso que nos prometes. Felicidades.

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lunes, 8 de septiembre de 2008

NEO TEO, HERNÁN CASCIARI

El turista original

Por: Hernán Casciari @ jueves, 04 de septiembre de 2008 Nota vista 1543 veces

El libro electrónico, e-book o como acabe llamándose, no termina de consolidarse como una opción sensata en el mercado editorial. El autor de esta crónica, cansado de llevar en la mochila mamotretos en papel de mil quinientas páginas, entrevista al vidente Juan Dámaso para que le explique en qué momento del futuro podremos disfrutar del libro digital, ligero y blando. Los vaticinios del brujo son estremecedores.

Ahora mismo estoy viajando en tren y voy leyendo un libro muy gordo. Mis tiempos de lectura ocurren en el ferrocarril, o cuando estoy cagando. Pero resulta que el baño y el vagón de Cercanías son dos ámbitos en donde no hay mesita, entonces al libro debo soportarlo en las manos. Un ladrillo de medio kilo, en las manos, en pleno siglo veintiuno, es un despropósito.

Mientras voy a visitar a mi amigo don Juan, estoy leyendo un libro maravilloso, pesado y gordo (unas 1.600 páginas) y por primera vez en mi vida de lector empiezo a sentir la urgencia del libro electrónico. Ya no como amante de los gadgets, sino por necesidad real, por agotamiento y reumatismo.

En el libro que leo ahora hay miles de notas al pie y repeticiones argumentales. Lleva un apéndice al final, con las biografías de todos los autores a los que se hace referencia en el corpus. Cada vez que necesito conocer un dato debo poner el señalador, cerrar el libro (voluminoso, ya ajado), manipularlo con fuerza y revisar las páginas finales. Me siento un Neardental curioso y frustrado.

A veces me da la sensación de que determinada idea ya fue expuesta ocho capítulos atrás, pero es imposible buscar la fuente: hay que hacerlo a mano, página a página. Casi nunca lo logro y me deprimo. Me rasco, me quito pulgas; a veces aúllo.

El hábito digital hace que cada vez nos resulte más complicado leer a la antigua usanza. Sobre todo, cuando el material de lectura tiene ramificaciones. Nos hemos acostumbrado al salto, al hipertexto, al procrastineo, a manejar tres o cinco ideas al mismo tiempo. Regresar al libro plano, unidireccional, es como volver a encender el fuego con una piedra y un palito.

Tras cartón, el libro electrónico no parece avanzar en el mercado. Está el Kindle (de Amazon) que desde hace tiempo amaga con imponerse, aunque nunca se impone. ¿Pero qué sentido tiene que me lo compre hoy, si no le puedo cargar contenidos en castellano?

Más allá de las razones sobre la tardanza, la verdad es que las editoriales no quieren correr la misma suerte de las discográficas. Los grandes grupos editores le ponen palos en la rueda a los proyectos electrónicos porque todavía no descubrieron de qué forma ganarán dinero cuando la materia escrita sea intangible (como ya lo es la música, como ya lo es el cine).

Hace treinta años el gran enemigo del capitalismo eran los comunistas. Ahora son los intangibles. ¡Qué felices eran los directivos de la RCA cuando los discos eran de pasta o de vinilo, cuando el que quería escuchar una canción tenía que comprarse el long play entero! ¡Con qué amor fumaban sus habanos y contaban los billetes!

Ahora la música es un intangible. Nadie la ve, no viene en cajita. Son datos invisibles que pasan de mano en mano, de oreja a oreja, sin que nadie pueda cobrar peaje. El cine también ha cambiado, tampoco viene en cajita.

El único ámbito de la cultura popular que todavía sigue unido al packaging es el libro. Y el temor a que la cajita nos resulte obsoleta (¡ya nos resulta, odio llevar este ladrillo en la mochila!) le pone los pelos de punta a los intermediarios de la cultura, a los que ganaron dinero siempre sin hacer nunca nada.

Por pura ansiedad, voy de visita a la casa de Juan Dámaso Miranda, un vidente vasco que hace unos años tuvo una breve fama vaticinando desgracias por Internet. Ahora está jubilado, pero sigue recibiendo a los amigos. Al llegar, le pregunto qué ve en el futuro respecto al libro electrónico, si falta mucho o poco para poder disfrutar de ese avance tan necesario.

—¡Ah! —me dice, poniendo los ojos en blanco— ¡La literatura intangible: bajarse libros de Borges y ponerlos en el iPod, descargar la obra completa de Vila-Matas en un archivo .zip y descomprimirla en el avión, toda nuestra biblioteca en un pendrive de ocho gigas!

—Eso, eso —me excito—, dígame, don Juan, ¿cuándo llegará ese futuro maravilloso, cuándo dejaré de llevar kilos de novelas en mi mochila?

—Veo grandes desgracias —me asegura, alzando los brazos al cielo—. Gerentes de marketing arrojándose por las ventanas de Random House Mondadori, editores y representantes de autores limpiando parabrisas en los semáforos, veo dos rubias en tetas, en la playa, leyendo a Paulo Coelho desde un dispositivo portable de ciento veinte gramos…

Sonrío, esperando más, pero Dámaso interrumpe allí su discurso y se queda con la vista ciega. Comienza a soltar un hilo de baba blanca por la comisura de los labios.

—¿Qué más? ¿Por qué se queda en silencio, don Juan? —le pregunto.

—Sigo viendo a las rubias: creo que una le pondrá bronceador a la otra. Espera un segundo, ya sigo contigo.

Dámaso se encierra en el baño y me quedo solo en su salón, pensando en la cultura intangible, en el arte que no tiene entidad, en la obra que no se toca pero sí pasa de mano en mano. Me alegro de que el futuro nos depare esto también con los libros. A los quince minutos el vidente regresa del servicio, con la camisa desprendida y los ojos todavía en blanco.

—Continuemos —me dice, y vuelve a su vaticinio—. El libro será el próximo paso, pero la era de los contenidos intangibles y compartidos no acabará allí, mi querido y gordo amigo. También veo a directivos de Lufthansa suicidándose o viviendo en la pobreza extrema. En algunos años existirá el turismo electrónico.

—¿Cómo es eso?

—Alguien, por ejemplo, hace un viaje a Filipinas y lo graba con sensores táctiles y visuales. Después pone el viaje en la carpeta Incoming. Entonces otro, que no tiene dinero para viajar a Filipinas, o que no tiene ganas de subir a un avión, descarga las sensaciones del viaje, lo revive segundo a segundo.

—¡Es la muerte de las agencias de turismo! —grito.

—Sí señor, y también es el ocaso del modo de vida japonés —me responde Dámaso Miranda—. Los vuelos intangibles, según puedo prever, estarán de moda desde 2015.

—¿Pero eso no es vivir la vida de otro?

—¡Pues claro! Ahora tú escuchas la música que ha comprado otro, y ves la película que ha comprado otro, y dentro de poco leerás el libro que ha comprado otro. En algunos años harás el viaje que ha hecho otro.

—Pero en ese caso no habrá libre albedrío —sospecho—. Si el viajero original entra a un bar homosexual filipino, uno no puede elegir no entrar a ese bar.

—Por supuesto. Si compras el viaje, vives ese viaje. Y si en ese viaje tres filipinos grandotes le dan por el culo al turista original, prepárate para gozar tú también, amigo mío.

—No sé si me gustará ese futuro, don Juan.

—Pues te jodes. Los bienes intangibles tienen algunas ventajas inmediatas, pero también requieren de nosotros algún sacrificio. Quizás en el futuro esos esfuerzos no sean económicos, pero algo tendrás que dar a cambio.

—¿Qué me quiere decir?

—Volvamos al libro que llevas en tu mochila, al motivo por el que has venido hasta aquí —me dijo—. Cuando ese mamotreto de mil quinientas páginas sea electrónico, tú no lo pagarás. Y no te pesará en la mochila, y podrás consultar bibliografía complementaria con un solo clic, y tendrás un buscador temático… ¿verdad?

—Sí —dije.

—Pero también dejarás de hacer ejercicio, no irás a la librería a buscar el libro, no disfrutarás del olor del papel, no sentirás la satisfacción de haber conseguido algo con un mínimo de esfuerzo, perderás el hábito milenario de mojar el índice para dar vuelta la página, te crecerá el culo por falta de movimiento. Nada es del todo gratis, ni siquiera cuando adquieres un intangible.

—Eso también es verdad.

—Si un día te descargas el viaje a Filipinas, te sangrará el culo. O quizás te atraquen en una esquina oscura y sientas el filo de una navaja en el cuello. O tal vez el turista original folle con una prostituta sucia y a ti más tarde te arda la ingle.

Regreso a casa otra vez en tren, después de la visita a Juan Dámaso, con una sensación ambigua. El enorme volumen de mil seiscientas páginas ya no me pesa tanto en la mochila, ni tampoco en las manos cuando me dispongo a seguir leyéndolo. Me queda también rebotando en la cabeza una frase de don Juan, algo que me dijo en la puerta de su casa, al despedirnos:

—Hay libros, Casciari, y también hay viajes, que debemos hacer nosotros mismos, con nuestros propios esfuerzos.

Quizá el Kindle, de Amazon, llegue al mercado pronto, con contenidos en español y multitud de accesorios; quizá lo compre y me convierta en uno más de esos señores que van en el tren idiotizados con un aparatito digital, buscando la respuesta veloz, saltando de una idea a la otra.

Pero este lomo ajado que tengo en las manos ahora, este medio kilo de papel envuelto en cartones rústicos y blancos, este olor y este silencio antiguo, es también un viaje milenario; es mi viaje.

Es raro. Miro ahora mismo a todos los pasajeros del vagón: algunos hablan por el móvil, otros escuchan su iPod, otros están imantados a sus portátiles revisando un Excel triste. Mi libro imponente y analógico parece de otro mundo al lado de todo aquello, un artefacto llegado desde un mundo anterior.

Me mojo el índice, doy vuelta la página, me siento real y en movimiento. Como un turista original, de carne y hueso, en un vagón lleno de viajeros fugaces como hologramas.




Análisis

Esto no es una entrada. Lo de Hernán Casciari tiene entrada, nudo y salida. Es un megapost que desborda la anécdota (Kindle), se adentra en la fábula (el viaje) en la digresión (Filipinas) y en la literaturización de la realidad (personajes en diálogo). Aquí hay imaginación.

Este artículo es la demostración perfecta de que los blogs están ahí para poner a prueba nuestra capacidad de inventarles utilidades.No existen tipos fijos de entradas. Lo que existen son blogs buenos y cuidados y otros que se hacen a un ritmo de publicación que se nos impone. Existen blogs trabajados y blogs que acumulan información, mejor o peor presentada.

Si el artículo de Hernán es largo, ¡que se aguanten los lectores!(Que se lo impriman) No siempre puede uno leer fabulaciones así, al hilo de un simple rumor informativo.

Una pega, Hernán, ¿no podrías quitarnos esa publicidad intercalada en el artículo?

Otros, son capaces de hablarnos de sus cuatro características técnicas y poco más. Pero Hernán, a quien sigo desde hace un tiempo, un poco de refilón, nos hace una novela. Admirable esta capacidad suya de fabular a partir de tan poco. Consigue emocionarnos y que nos compadezcamos de él, pobre, con ese tocho entre las manos. (¿O no?)

Un pequeño detalle de mis lagunas: he tenido que buscar "procrastineo". Aún así, no me ha quedado claro su significado.

Que nadie busque otro tipo de desequilibrios. Simplemente es largo y muy original.

Felicidades, Hernán, por aportarnos otra forma de leer la blogosfera.

jueves, 4 de septiembre de 2008

ALZADO.ORG, CÉSAR MARTÍN

Un restaurante en el que sólo sirven postres

15-08-2008 - César Martín

Resumen: Estas vacaciones fuimos a un restaurante en Calgary en el que solo servían postres. Un restaurante como cualquier otro, pero la carta solo se componía de postres. Tenías primeros, segundos, carta de vinos, etc... pero todo dulce. Un caso real en el que el "concepto" puede ayudar a cambiar la experiencia inicial del usuario respecto al producto.

Un "restaurante de postres" en luga de una "pastelería"



Si alguien te dice que hay una nueva pastelería en el barrio, tu reacción puede ser la de "qué más da".
Si por el contrario, te dicen que hay un nuevo restaurante que solo sirve postres, la idea te puede encajar o no, pero te hace pensar "¿cómo será un restaurante con solo postres?".



restaurante solo de postres

Una web donde compartir algo con tus amigos...



La web 2.0 ya ha tocado techo y lanzar ahora una web donde la primera frase de entrada es "comparte con tus amigos...", "tu red de...", "gente de confianza..."... No sigas por ahi. Cambia. Haz algo diferente. Busca tu "restaurante de postres".



un restaurante como cualquier otro

Cuenta tu historia de una forma diferente


Es importante ser capaz de lanzar un primer mensaje a los usuarios que explique hacemos, pero de una forma diferente. Esto es como los currículums. Si no eres capaz de hacer que el que lee abra los ojos por unos segundos, pasas al montón.



un restaurante como cualquier otro

Comentarios

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Análisis

Me gusta la idea de César de iniciar su entrada con un resumen. (es así en todas sus entradas) Con ello nos demuestra que nos tiene en cuenta, que piensa en quienes le vamos a leer. Quiere que le entendamos y nos sintetiza lo que luego ampliará. Luego ilustra con amplias fotografías lo que nos va contando.

Trata de decirnos, a través de una experiencia personal, que pensemos de forma diferente. Una pastelería es un restaurante de postres.

Tras la foto, con un amplio titular nos habla de la web 2.0. Este párrafo más que aclararnos lo expresado con anterioridad nos confunde. Nos mezcla el tema de la web con el de la pastelería y tiene uno la impresión de que ha ido a otra entrada diferente. ( "ahí", con tilde)

Por último volvemos a la idea inicial con un nuevo titular: "Cuenta tu historia de una forma diferente". Aquí se escapó una "s" en fases. En la última de las frases tenemos una pregunta a la que le falta el interrogante inicial: "(¿)Quieres dejar tus ..."

Me ha gustado de este artículo el planteamiento global: resumen y aclaraciones posteriores. No me gusta que ante tan poco contenido esté cargado de títulos y de fotografías.